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¿Jugamos?

¿Jugamos?

El tiempo de juego al aire libre de los más pequeños ha disminuido en los último años y son muchos los problemas de comportamiento que se relacionan ya con este descenso.

El cosquilleo de asomarse a lo alto de un tobogán o columpiarse son una fuente de disfrute y estimulación. El juego debe ser la principal actividad de un niño, especialmente el juego al aire libre que favorece la asimilación de la Vitamina D tan necesaria para el crecimiento.

Los niños sondean sus límites para superarse a sí mismo. Los beneficios están más que demostrados. El desarrollo de las relaciones personales, la modulación de la agresividad, la empatía o el desarrollo de las habilidades sociales mejoran jugando al aire libre.

El aprendizaje del juego ayuda también a mejorar el equilibrio y aumenta los estímulos para el desarrollo, optimizando la movilidad y ayudando a desarrollar y fortalecer la músculatura

Todos los niños deberían disponer de las instalaciones adecuadas para poder jugar en el espacio público. Habitualmente las áreas de juego infantil se señalizan mediante carteles que especifican tanto el uso al que está destinado el espacio como la edad de los usuarios a los que se destinan los juegos.

Dentro de dichas áreas de juego suelen situarse juegos de participación tanto individual como colectiva. Proliferando cada vez más las áreas accesibles e integradoras diseñadas para que independientemente de sus capacidades todos los niños sin excepción puedan disfrutar de ellas y compartir con otros niños.